Los mecanismos más utilizados para coaccionar a los periodistas y a los dueños de las empresas de comunicación fueron el asesinato de periodistas, la confección de listas negras, la amenaza de cierre de los medios de comunicación, la expropiación ilegal, la censura, el control sobre el contenido mediático y la autocensura. La mayoría de los medios de comunicación cedieron a las presiones. Si bien algunos lo hicieron desde la simple aceptación de las nuevas reglas de juego, principalmente por medio del silencio; otros las pusieron en práctica de forma entusiasta, sin medias tintas en el apoyo al régimen militar, y alabaron las virtudes de la nueva situación en la Argentina. Si bien no todos se alistaron en la firme adhesión como la Editorial Atlántida de Buenos Aires (editora de Gente, Somos y Para Ti) y el diario La Nueva Provincia de Bahía Blanca, ninguno cuestionó el origen ni la acción represiva del gobierno militar. Sin embargo, otros medios pudieron desarrollar discursos de oposición, sospechas contestatarios, pero que aparecieron, casi siempre, en circuitos de muy restringida circulación.
OPINIÓN PÚBLICA Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN
Los mecanismos más utilizados para coaccionar a los periodistas y a los dueños de las empresas de comunicación fueron el asesinato de periodistas, la confección de listas negras, la amenaza de cierre de los medios de comunicación, la expropiación ilegal, la censura, el control sobre el contenido mediático y la autocensura. La mayoría de los medios de comunicación cedieron a las presiones. Si bien algunos lo hicieron desde la simple aceptación de las nuevas reglas de juego, principalmente por medio del silencio; otros las pusieron en práctica de forma entusiasta, sin medias tintas en el apoyo al régimen militar, y alabaron las virtudes de la nueva situación en la Argentina. Si bien no todos se alistaron en la firme adhesión como la Editorial Atlántida de Buenos Aires (editora de Gente, Somos y Para Ti) y el diario La Nueva Provincia de Bahía Blanca, ninguno cuestionó el origen ni la acción represiva del gobierno militar. Sin embargo, otros medios pudieron desarrollar discursos de oposición, sospechas contestatarios, pero que aparecieron, casi siempre, en circuitos de muy restringida circulación.
PRENSA Y DICTADURA: La complicidad de los años de plomo.
Rodolfo Walsh, Carta Abierta a la Junta Militar,

Más allá de los periodistas que se vieron presionados a trabajar en medios que no eran capaces de reflejar la realidad que se vivía en la sociedad, los directores editoriales que no fueron perseguidos, terminaron siendo cómplices del gobierno de facto. Bernardo Neustad, director de la Revista Extra, firmó en julio de 1977, la editorial de la edición N° 145 titulada “Una cierta sonrisa”. Allí, opinaba: “Jorge Rafael Videla debe ser el argentino que mejor sabe escuchar. Tiene toda la paciencia. Y con más de treinta años de ejercicio, toda la experiencia vivida y escarmentada. No es un impaciente y tampoco un solitario. Abre ventanas cada vez que abre la boca… Los que frecuentan a Videla sostienen que últimamente ha cobrado más seguridad, aprendió velozmente su trabajo de presidente, está mucho más suelto, no hay tema esencial que no desarrolle con convicción y conocimiento, y además –esto es esencial- se le advierte de vez en cuando una cierta sonrisa… Como de alguien que va tocando el futuro, buscando ahora ganar la paz, que es mucho más difícil que triunfar en la guerra…”[6]

Argentina perdió la guerra y significó el comienzo del fin de la dictadura militar. Los medios comenzaron a hablar de los desaparecidos, de las torturas y del retorno de la democracia. El 30 de octubre de 1983 se realizaron los comicios presidenciales. El 10 de diciembre asumió la presidencia Raúl Alfonsín.
[1] BLAUSTEIN, Eduardo; ZUBIETA, Martín: Decíamos Ayer. La prensa argentina bajo el proceso.1998. Pg. 78.
[2] BLAUSTEIN, Eduardo; ZUBIETA, Martín: Decíamos Ayer. La prensa argentina bajo el proceso.1998. Pág.100
[3] BLAUSTEIN, Eduardo; ZUBIETA, Martín: Decíamos Ayer. La prensa argentina bajo el proceso.1998. Pág.98
[4] BLAUSTEIN, Eduardo; ZUBIETA, Martín: Decíamos Ayer. La prensa argentina bajo el proceso.1998. Pág.102
[5] Medios, Comunicación y Dictadura. Edición de las Jornadas de Reflexión. 2004. Pg. 16.
[6] BLAUSTEIN, Eduardo; ZUBIETA, Martín: Op. Cit. Pág. 202.
[7] BLAUSTEIN, Eduardo; ZUBIETA, Martín: Op. Cit. Pág. 250
[8] Medios, Comunicación y Dictadura; Pg. 31 y 32.
[9] ALONSO, María Ernestina; ELISALDE, Roberto; VÁZQUEZ, Enrique: Historia: La Argentina del Siglo XX. 1997. Pg. 275.
CENSURA Y AUTOCENSURA DURANTE LA DICTADURA ARGENTINA
A la censura impuesta desde el poder, le sucedió, inevitablemente, la autocensura impuesta por el miedo. Un caso típico de autocensura que le concierne directamente al mundo periodístico es el referido al secuestro del entonces director del diario La Opinión, Jacobo Timerman.
La poeta María Elena Walsh caracterizó del siguiente modo los efectos de los tortuosos mecanismos de la censura y de su oficiante mayor: "El ubicuo y diligente censor transforma uno de los más lúcidos centros culturales del mundo en un Jardín-de-Infantes fabricador de embelecos que sólo pueden abordar lo pueril, lo procaz, lo frívolo o lo histórico pasado por agua bendita. Ha convertido nuestro llamado ambiente cultural en un pestilente hervidero de sospechas, denuncias, intrigas, presunciones y anatemas. Es, en definitiva, un estafador de energías, un ladrón de nuestro derecho de imaginación, que debería ser constitucional..." ("Desventuras en el País-Jardín-de-Infantes", Clarín, 16/VIII/79).

Dar testimonio en momentos difíciles
Ese gran escritor que fue consecuente con sus ideales hasta el instante final, comienza su carta diciendo: "La censura de prensa, la persecución a intelectuales, el allanamiento de mi casa en el Tigre, el asesinato de amigos queridos y la pérdida de una hija que murió combatiéndolos, son algunos de los hechos que me obligan a esta forma de expresión clandestina después de haber opinado libremente como escritor y periodista durante casi treinta años." Walsh describió los mecanismos del horror: "Colmadas las cárceles ordinarias, crearon ustedes en las principales guarniciones del país virtuales campos de concentración donde no entra ningún juez, abogado, periodista, observador internacional. El secreto militar de los procedimientos, invocado como necesidad de la investigación, convierte a la mayoría de las detenciones en secuestros que permiten la tortura sin límite y el fusilamiento sin juicios." La denuncia era la más valiente actitud posible que cabía esperar de un intelectual: "En la política económica de este gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes, sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada."
Rodolfo J. Walsh además de ser un periodista excepcional, un escritor novelas policiacas, fue el autor de unos reportajes tremendos e implacables en los que denunciaba las masacres nocturnas y las corrupciones de escándalo de las Fuerzas Armadas argentinas. En todas sus obras se distinguió por su compromiso con la realidad, por su valentía personal y por su encarnizamiento político. Conocía las tuercas más secretas del oficio de escritor, lo que sumado a sus muy arraigadas convicciones, lo llevó a apostar su vida en cada palabra.